“Tres veces entraron ladrones a mi patio en los últimos meses. Me robaron sillones y una mesa. Pero eso no es lo peor, sino los tres asaltos que sufrí en la puerta de mi casa. El último fue especialmente violento. Le gatillaron en la cabeza a mi hijo de ocho años para que yo les entregara todo lo que tenía”. El fuerte relato de Carla Bruna fue uno de los que se escuchó el miércoles en avenida Alem al 1.400. Ese día, los vecinos, “hartos de la inseguridad”, cortaron el tránsito vehicular con neumáticos bañados en nafta que en pocos segundos se prendieron fuego. Con esta protesta consiguieron tener una reunión el viernes con las autoridades de la Policía en la zona y se llevaron el compromiso de tener más patrullajes preventivos.
“No hay nadie en la cuadra que no haya sufrido la inseguridad”, explicó Walter Acuña, quien fue víctima del robo que fue la gota que rebasó el vaso entre los vecinos. Ese día a la madrugada, por cuarta vez en dos meses, se despertó con una llamada telefónica en la que le avisaban que alguien había ingresado a su negocio.
Cerca de las 5, una moto paró afuera de su drugstore. Uno de los motociclistas se bajó y con un hierro muy grueso forzó la puerta. Lo que siguió fue muy rápido. Tanto que un taxista que estaba viendo la escena llamó al 911, pero cuando los efectivos llegaron los ladrones ya se habían ido.
Los delincuentes tomaron un televisor, una pequeña balanza electrónica, unos 120 atados de cigarrillos y 12 botellas de fernet. Para tener una idea, cada una de ellas tiene un precio de $ 140, por lo que solamente en esa bebida alcohólica le robaron más de $ 1.000. “Deben ser de acá cerca, por todo lo que me sacaron”, aventuró Acuña, en la puerta de su negocio. Pegado, hay un local que antes era una pollería, y al que entraron hace dos meses para robar herramientas. Su dueña, Zaira Vizcarra, explicó que no lo puede alquilar por la inseguridad de la zona.
En sus casas
“A mi casa entraron cuando yo estaba durmiendo. Nos sacaron mucha ropa, saltaron la tapia y se fueron. Lo que pasa es que acá se consume mucho ‘paco’. Y las sensaciones son contradictorias. Esos pibes están perdidos. Entonces uno les tiene lástima, pero también les tiene miedo”, confesó Pablo Rojas, quien recibe alumnos particulares en su casa y no deja que se vayan hasta que llegan sus padres. En el balcón de su tía Rita Rojas, que vive en un segundo piso, alguien estuvo caminando esa semana durante una madrugada.
Ese día la Policía se acercó y quedaron de acuerdo en reunirse el viernes. Ese día, el jefe de la zona 3 de la Regional Capital, el comisario Salvador Venegas, se comprometió a enviar más patrullas de la comisaría 13° para esa zona y ordenar que un efectivo esté parado en todo momento en esa cuadra, medidas que comenzaron este fin de semana. También estuvieron en la reunión autoridades del 911 que se comprometieron a enviar efectivos para patrullajes preventivos e incluso hubo personal de la Dirección General de Drogas Peligrosas tomando nota de lo que ocurre con el “paco” allí.